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| El Templo de Montevideo. Un espacio sagrado. |
Los Santos de los Últimos Días, al igual que los creyentes de otras confesiones, buscamos manifestar nuestra fe mediante la edificación de espacios sagrados. A estos espacios resulta fácil reconocerlos ya que en sus terrenos se ubican edificios de culto. Estos terrenos suelen estar bien cuidados, y los edificios tienen en su interior elementos que los marcan como sacros. Es así que los mormones reconocemos de inmediato como espacios sagrados las capillas y los templos, entre otros edificios, como el Tabernáculo.
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| El Tabernáculo de Salt Lake. Un espacio sagrado. |
Aunque los espacios sagrados tienen características que indican que se trata de lugares santos, lo que los eleva no es únicamente los jardines, ni las obras de arte, ni la mampostería. Es lo que en ellos sucede. Asimismo, cualquier espacio que se dedique a una actividad santa se convierte en un espacio sagrado. La oración nos permite, por lo tanto, construir un templo en el tiempo y el espacio que dure la plegaria. Es así que, por ejemplo, podemos crear un espacio sagrado al pie de nuestra cama durante los minutos previos a acostarnos.
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| La oración. Un espacio sagrado. |
¿Cómo creamos ese espacio sagrado? Con palabras, ya sea pronunciadas en voz alta o en la mente. Por lo general, en la Iglesia no decimos oraciones memorizadas. Hay excepciones: varias ordenanzas, o ritos sagrados, incluyen oraciones memorizadas. Se dicen oraciones memorizadas al bautizar y al bendecir la Santa Cena o comunión. No obstante, la realidad es que la abrumadora mayoría de las oraciones que hacen los Santos de los Últimos Días no son memorizadas. Esto tiene sus ventajas y desventajas. La ventaja es que la persona, al verse obligada a dar forma a una nueva oración cada vez que busca comunicarse con el Hacedor, tiene que concentrarse en lo que va a decir, lo cual puede llevar al estado de concentración necesario a la hora de sentir lo que decimos... y de sentir la respuesta. Por otra parte, la desventaja es que al no tener una texto sacro que se repite una y otra vez, no tenemos elementos fijos que indiquen que se construye un espacio sagrado. Es decir, con la oración memorizada, el texto que se repite es el que delimita el espacio sacro, si quien repite las palabras lo hace con verdadera intención. Pero cuando no hay un texto santo que pronunciar, crear un espacio sagrado depende casi exclusivamente de la intención. Por lo tanto, para facilitar la creación de ese espacio sagrado, al orar empleamos formulas específicas. Por ejemplo, toda oración debe hacerse al Padre en el hombre del Hijo. Además, empleamos un vocabulario sacro. Este vocabulario suele imitar el lenguage de las Escrituras. Es así que no utilizamos el pronombre "usted" sino el más íntimo "tú". El pronombre íntimo no sólo refleja una relación estrecha con lo divino sino que hace eco del lenguage de las Escrituras y así contribuye a marcar el espacio sagrado. (Esto último varía de idioma en idioma; por ejemplo, en inglés se usa el pronombre "thou" en lugar de "you" porque es el pronombre que corresponde a las Escrituras en ese idioma.)
El poder crear, con la intención del corazón y las palabras de la boca o la mente, un espacio sagrado en el cual lograr comunión es una de las entrañables misericordias de un Padre amoroso, que nos permite hacer de cualquier rincón y cualquier momento un templo, una escalera de Jacob.









